La llegada del verano es una época emocionante. Las vacaciones, el calor, los reencuentros con familiares y amigos… Es un momento de cambio en nuestra rutina que nos ayuda a desconectar del día a día que ha marcado nuestra vida durante el resto del año (especialmente este año), y que aprovechamos para relajarnos, pero no conviene bajar los brazos con las precauciones alimentarias.

CONSEJOS PRÁCTICOS PARA DISFRUTAR DE UN VERANO SALUDABLE

Desde Qalimentaria, queremos ayudar a cuidar y mejorar los hábitos alimentarios para proteger la salud, por lo que no vamos a publicar una receta mágica para perder peso. No obstante, sí que trataremos de aportar nuestro granito de arena para que puedas evitar los malos hábitos alimenticios que suelen acompañar a los días más calurosos del año.

  • Mantente a salvo de la salmonela. Lava bien todos los alimentos antes de prepararlos, e intenta evitar el uso de huevos en la elaboración de salsas caseras. Cocina siempre a una temperatura no inferior a 70º y asegúrate de que la leche con la que se cocinan los alimentos que consumes ha sido pasteurizada. No rompas la cadena de frío descongelando a temperatura ambiente, sino dentro del frigorífico.
  • Evita los helados industriales en la medida de lo posible. Sí, son deliciosos y refrescantes, pero tienen una cantidad de calorías desorbitada. Si bien los polos de hielo tienen un aporte calórico menos exagerado, la opción ideal es licuar fruta en la batidora y mezclarla con leche antes de congelarla para obtener unos helados igualmente deliciosos y refrescantes, pero sin el extra de calorías y aditivos.
  • Sustituye los snacks por frutos secos. Tanto los snacks como la bollería industrial parecen haberse hecho un hueco en las mochilas y bolsas de playa de la mayoría de veraneantes. Son productos relativamente baratos y poseen un sabor fuerte, pero su aportación energética es enorme y su ingesta es muy desaconsejable, especialmente si no precede a la realización de un ejercicio intenso. Por otra parte, contienen una gran cantidad de sal, lo que no sólo aumentará la presión sanguínea, sino que favorecerá la retención de líquidos. Los frutos secos, por su parte, contienen gran cantidad potasio, fósforo, hierro y vitamina y cumplirán la misma función saciante, pero sin provocar perjuicio alguno.
  • No olvides la cuchara. Generalmente, asociamos las comidas de cuchara, como legumbres y sopas, a estaciones como el invierno o a los meses menos cálidos del otoño y la primavera. Si bien es cierto que un caldo ayuda al cuerpo a mantener la temperatura, no lo es menos que mezclan muy bien con una ensalada, con lo que estaremos hidratándonos mientras ingerimos hidratos de carbono de asimilación lenta.
  • Evita el embutido en exceso. Una de las soluciones más socorridas a la hora de avituallarse de cara a una excursión por el campo, un día en la playa o un viaje de largo recorrido son los bocadillos de embutido. Este aperitivo tan típico de nuestra gastronomía contiene un doble riesgo, ya que generalmente se compone de pan blanco de molde, portador de gran cantidad de aditivos, y embutido industrial, que incluye cantidades de sal y azúcar para potenciar su sabor. No obstante, podemos optar por una combinación de pan de centeno, cuyo alto contenido en fibra nos facilitará la digestión, y embutido de pavo cocido, con un bajo contenido graso. Como complemento, podemos añadirle un tomate en rodajas para favorecer la hidratación.

Por muy importante que sea mantener cierto cuidado con nuestra alimentación sólida, lo es aún más la líquida. El cuerpo humano pierde algo más de 2 litros al día de promedio, pero esta cifra aumenta con la llegada del verano. La sola subida de la temperatura, sin tener en cuenta esfuerzos o exposiciones prolongadas al Sol, provocan un aumento en la pérdida de líquido que puede ser muy peligrosa para la salud. Para evitar acercarnos a niveles donde podamos fatigarnos o se nos nuble la vista, os aconsejamos lo siguiente:

  • Cuidado con el alcohol. Pocas cosas nos atraen más en esta época del año que disfrutar de una cerveza bien fresca en una terraza. Siendo conscientes de que tampoco vamos a amargarnos renunciando a hacerlo, lo más aconsejable es beber con mucha moderación, alternando con un botellín de agua entre cada bebida alcohólica. Los cocktails, por otra parte, son totalmente desaconsejables, ya que no sólo contribuyen en mayor medida a la deshidratación, sino por la ingente carga energética que implican.
  • Los refrescos no calman la sed. Por mucho que la publicidad y el marketing se empeñen en lo contrario, sólo el agua logra aplacarla. Es más, los refrescos contienen una cantidad extremadamente alta de aditivos en forma de azúcares que ayudarán más a que desaparezca nuestra cintura que a colmar nuestra necesidad de hidratación.
  • Mantén un flujo constante de hidratación. La aparición de los síntomas de la deshidratación como son la sequedad en la boca, la fatiga, el dolor de cabeza o los calambres musculares son un estado que es preferible evitar. Para no llegar a ese punto, conviene ingerir agua o algún tipo de fruta o vegetal con una frecuencia no superior a una hora, y siempre en pequeños tragos, ya que corremos el riesgo de indigestarnos si intentamos beber gran cantidad de líquido en muy poco tiempo.

En Qalimentaria nos encantan el verano, las vacaciones y el descanso. Todos tenemos derecho a relajarnos y disfrutar dándonos un capricho de vez en cuando. No obstante, siempre es más recomendable no excedernos con la autocomplacencia y disfrutar de estos días sin renunciar a cuidar de nuestra salud.

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